PRIMER LANZAMIENTO

Copequén,14 de Diciembre de 2002


Palabras de la Sra. Eugenia Theoduloz V. Ex profesora de la Escuela de Copequén En el lanzamiento del libro ''Copequén, 500 años''.

Razgos biográficos del autor.
El señor Joel Moraga nació el 16 de Septiembre de 1938, estudió las preparatorias en la escuela N° 43 de Copequén y N° 9 de Coínco. Sus estudios posteriores, humanidades y profesionales los realizó en Rancagua.
Su familia estaba compuesta por sus padres Juan y María y cuatro hermanas.
Se distinguió por ser un alumno distinto; silencioso, tímido, solidario y de extraordinario buen humor. Le atraía mucho el deporte y organizaba diarias pichangas con su equipo ''Los Abajinos'', contra ''Los Arribanos''. Además gustaba de realizar cabalgatas diarias en su querida y adorada yegua ''Joelina'' y jugar con su fiel perro ''Pinocho''.
En 1949 su familia emigró a Rancagua ya que su padre había fallecido en 1945 y su madre se inquietaba por los estudios de sus hijos. Así don Joel continuó sus estudios en el Instituto Comercial donde conoció a su esposa la señora Juanita Machuca quien ha sido su compañera hace 40 años y con la que formó una hermosa familia compuesta por sus tres hijos Vivian, Jessie y Juan Carlos y cuatro nietos.
Es un hombre feliz, luchador, disfruta de las cosas simples y cultiva la amistad más allá de lo común. La relación con sus seres queridos ha sido siempre muy estrecha; sentía adoración por su madre y en la actualidad por su esposa, hijos y nietos.
Su libro servirá de guía y agente de educación para nuestro pueblo. Los sentimientos, la ternura, el amor, la comprensión se han desbordado en los distintos capítulos de este libro. Los ocho años de investigación han sido como un desahogo a tanto amor y añoranza por su tierra natal. El relato de las vivencias de algunos habitantes con sus alternativas penosas, alegres e increíbles van dando origen a una historia incomparable, única: La historia de nuestro pueblo que estoy cierto los deleitará.
Felicitaciones al autor.

 

Palabras del Sr. Claudio Reyes Jefe Depto. Asistencia Educación Municipal En lanzamiento "Copequén, 500 años".

Un viejo proverbio nos dice: Ten un hijo, planta un árbol y escribe un libro.
Creo que este proverbio calza plenamente con nuestro estimado y benemérito vecino don Joel Moraga Orellana en todo y su amplio sentido de la palabra, pero no tan sólo en la satisfacción inmensa de cumplir con este destino, sino agregar un elemento fundamental en toda creación humana: el amor. El amor, aprecio y cariño por sus semejantes, el amor por su familia, el amor por el lugar que lo vio nacer, por su vieja y querida escuela, el amor por los niños y jóvenes de hoy y mañana. Y esta hermosa y delicada entrega se concreta hoy con la donación a la Escuela municipal de Copequén y comunidad coincana de este su primer lanzamiento y a la vez la primera obra escrita sobre el tema, me refiero a su libro titulado "COPEQUÉN 500 AÑOS. CRONICAS PARA SU HISTORIA".
Para quienes hemos hecho profesión y estilo de vida la educación, este trabajo literario y de investigación empírica de don Joel, responde a una necesidad del estudiantado y de los propios educadores, quienes no obstante residir en un lugar que ancestralmente ha sido pilar de la cultura de la zona central del país, no contábamos con un instrumento de validación escrita y sistematizada de las particularidades de la vida copequenina y coincana. Desde hoy este libro será el principal texto de consulta de quienes se interesan en conocer nuestra historia.
Para la I. Municipalidad de Coínco representada por su Alcalde, Concejo Municipal y funcionarios, la obra de don Joel, más allá de su significado histórico cultural, representa el espíritu emprendedor y amplio en generosidad que supieron plasmar en él su familia y sus educadores, virtudes que hacen y harán ejemplo en pro del progreso y desarrollo de la comunidad toda.
Sr. Joel Moraga, con profundo respeto y admiración a nombre de la I. Municipalidad de Coínco y de la comunidad escolar que tengo el honor de representar en estas palabras, deseamos agradecer y felicitar a Ud. por esta importante donación y excelente trabajo.
Muchas gracias.

 

Palabras del Sr. Erwin Aguila Director Subrogante Escuela de Copequén En el lanzamiento del libro "Copequén, 500 años".

Las obras nacen de los estímulos y motivacionesmás insospechadas ¿qué impulsó a don Joel Moraga Orellana a escribir la historia de su pueblo?
Sin duda alguna el amor a su familia, a sus recuerdos, a su tierra, a sus raíces, a su identidad campesina, todo ello conformaban una lenta preparación. Durante muchos años estaba a la espera de momento preciso, saber más de nosotros mismos para ayudar al desarrollo de su querido pueblo ¡Copequén!
Él demoró ocho años en investigar y redactar este libro, entre 1994 y el 2002, el cual está distribuido en quince hermosos y contundentes capítulos. En cada uno de ellos es capaz de revivir sucesos, hombres, sentimientos e ideas, capaz de formar una imagen fiel y viva de nuestro pasado.
Me imagino que en su escritorio iban amontonándose libros, apuntes, documentos, fotografías, recortes. Vivencias. En sus viajes a nuestro campo, entre callejones y caminos polvorientos, fue desarrollando un minucioso conocimiento de su tierra y del ambiente campesino. En sus conversaciones prolongadas y hechizantes con hombres y mujeres logró rescatar sus gestos, hábitos, conocimientos, vivencias, amor a su tierra e innumerables anécdotas, que luego él sabiamente mezcló con sus lecturas y recopilaciones.
Don Joel, son varios y tan distintos los sentimientos que ocurren en nuestro interior, que cuesta mucho ponerlos en palabras. Y en este minuto se me ocurre una sola idea: gracias, gracias, y dos veces gracias, porque por una parte usted ha sido capaz de entregarnos una identidad histórica, que es altamente valorada por toda nuestra comunidad, y a la vez nos llena de orgullo. Además el hecho de haber donado 500 de estos libros a nuestro establecimiento educacional, institución que le entregó a usted las primeras herramientas, para ser el hombre de bien que hoy conocemos: amante de sus raíces, de sus tradiciones y de su historia. Don Joel.
Muchas gracias.

 

Palabras de Agradecimiento de los Alumnos de la Escuela Copequén En el lanzamiento del libro "Copequén, 500 años".

Afortunadamente en nuestra comunidad existe un arraigo poderoso a la tierra que acuna a su gente, que estará sumamente agradecida de conocer sobre raíces, instituciones, sus orígenes e historia.
Una de las cosas mas importantes para el hombre es conocerse a sí mismo, comprenderse y aceptarse. Así el hombre se humaniza, adquiere un sentido de pertenencia, se da un valor agregado a sí mismo.
Don Joel Moraga Orellana, los alumnos de la escuela Copequén se sienten desde ya muy agradecidos por este inmenso aporte al conocimiento de nuestra identidad cultural, que nos acerca y afianza en la comunidad a la cual pertenecemos, y nos permitirá resistir la voracidad con la cual el proceso de la globalización despedaza a los pueblos de su propia identidad.
Gracias don Joel por hacernos sentir orgullo de lo que somos: "Copequeninos de tomo y lomo", porque sabremos más de nuestro pasado.
Copequén, ¡tenemos un historiador entre nosotros; la historia está viva, nos corresponde a los jóvenes de hoy escribir el resto de sus páginas con el devenir de nuestras vidas. Esa es la invitación que queda por responder a don Joel Moraga Orellana, con nuestras acciones.
¡Alegrémonos las gentes de Copequén!
¡Hoy estamos viviendo la historia del Mañana!

 

Palabras del autor En el lanzamiento del libro "Copequén, 500 años".

Por fin ha llegado este momento que por muchos años veía tan lejano y confieso que me embarga una extraña sensación de encontrados sentimientos. Por una parte la alegría de compartir vuestra compañía y la satisfacción de entregar a Uds. el fruto de este trabajo que me tuvo embelesado por 8 años. La alegría de ver reunido a todo mi pueblo, de ver tanto rostro conocido, amigos de mi infancia que con un firme apretón de manos, unas breves palabras y una mirada a veces húmeda me han transmitido su amistad franca y su orgullo de haber nacido en esta tierra generosa.
Por otro lado una sensación de tristeza, porque estoy consciente que al terminar esta ceremonia también he puesto punto final a mi trabajo. Vuestra presencia me señala el gran interés que Uds. tienen en conocer más de su pueblo, de su pasado lejano, hermano de la historia, padre de la leyenda y abuelo de la fantasía.
Les contaré algunas intimidades:
Infinidad de veces sostuve largos y profundos diálogos con Copequén; sí con Copequén, donde le contaba de mis proyectos literarios. De ese tipo de conversaciones que los cristianos solemos tener con Dios o con los seres queridos que nos han dejado. Así se enteró Copequén de mis intensiones que empezaron a germinar hace mas de 40 años.
Noble mi pueblo. En cada oportunidad me alentaba y me aconsejaba.
Pero también ladino mi Copequén: Me dejaba entrever que tras suyo había un pasado rico en episodios, sin agregarme más, como dejándome entreabierta la puerta de la historia.
Los años continuaban su marcha inexorable y este proyecto de escritor seguía sumido en un interminable letargo. Hasta que un día; probablemente cansado de tanto esperarme y bastante irritado me increpó duramente:
¿Qué estás pensando? ¡Se te está acabando el tiempo! Yo te voy a ayudar, pero esta es la última oportunidad que te doy. Vas a olvidar y dejar de lado todas esas cosas que te enseñaron en el colegio y que por lo demás no debes ni recordar. Que la sintaxis, que el sujeto y el predicado. Por lo demás tus profesores esta vez no te pondrán nota. Sólo escribe! Te aconsejo si que antes te hagas estas dos preguntas: ¿Por qué quiero escribir? y ¿De qué quiero escribir?, y cuando las hayas contestado, te largas. Así de simple.
Ante este ultimátum no me quedó alternativa. Y tenía mucha razón mi maestro. Al hacerme esas preguntas y tratar de responderlas se me aclararon totalmente esas confusiones y dudas que me tuvieron atrapado por tanto tiempo. Quise escribir para dejar un testimonio de la vida y el quehacer de este pequeño pueblo de la zona central de Chile. Para que se supiera que el campesino que aró la tierra, el profesor que enseñó, la madre que amamantó, el operario de Cachantún que trasnochó, la modista, el herrero, el carpintero, el deportista, el zapatero, el practicante, el peluquero, en fin, todos han hecho este pueblo.
Contarles que Copequén es un pueblo laborioso, altivo y maduro. He querido escribir para que mis palabras fueran las semillas que esparcidas en los surcos de esta tierra, broten, se multipliquen y den frutos en forma de más palabras y más libros, escritos por las nuevas generaciones.
Además tenía otra inquietud. El escaso conocimiento del pasado de la zona central, a través de aislados comentarios y de ocasionales lecturas, me hacía pensar con un íntimo y prudente optimismo que en esta fascinante aventura que estaba por comenzar, más de algo encontraría del Copequén Prehispánico, del Copequén Colonial, del Copequén Emancipado. Y mis sospechas dieron los frutos esperados. Así comenzó la febril búsqueda de más y más antecedentes que estaban esperando por nosotros en solemnes archivos y bibliotecas del país.
También aprovechar el hecho de que muchos de sus protagonistas o testigos están con nosotros. Como estas personas que me acompañan en este sitial de honor: Anastasio Marchant, artesano de la totora por más de 70 años. La señora Rosa Olguín que en sus 21 años como directora de esta escuela. La señora Rosenda López que con sus hábiles manos ha puesto en su lugar los huesos de tantos pacientes que hoy caminan agradecidos por el mundo, Jóse Miranda que me entregó valiosos antecedentes de las Carreras a la Chilena y la Rayuela. La Sra. Mara Nenadovich cuyo padre Juan apodado cariñosamente El Gringo, instaló la primera luz eléctrica para el pueblo a principios de 1940. Y he dejado para el final, al gran artífice de esta obra, a quien por horas y horas me recibió en su casa haciendo recuerdos que en sus 98 años fue acumulando en sus fantástica memoria. Todos saben a quien me refiero, al hombre más anciano del pueblo, al admirado, querido y respetado Carlitos Gálvez.
Tampoco puedo dejar de mencionar a otros amables informantes, como la Sra. Eugenia Theoduloz profesora de la escuela por más de 40 años. Mauro Carvacho, que siendo niño fuera acólito y ya mayor, secretario de nuestro querido cura Piña. Danilo Guzmán con 34 años colaborando con la Cooperativa de Agua Potable. Emiliano Aviles y Sixto Abarca con información de la industria Cachantún de hace 50 y más años; Miguel Marchant del Club Deportivo de la Empresa. Alejo Lobos quien nos contó su escalofriante experiencia de su encuentro con el Malulo. La Sra. Jane Holmes, nieta de Alejandro Holmes quien creó en la década de 1920 la empresa Cachantún.
Quiero también decirles que esta silla no está vacía por casualidad, ella simboliza a los grandes ausentes que en estos quinientos años tuvieron presencia protagónica en el pueblo como Sinchirruca, generalísimo de los ejércitos invasores del Inca que estableció en Copequén un curacazgo, en el siglo XV. En esta silla podría estar también el primer cura que hubo en la doctrina de Copequén el año 1580, Francisco de Ochandiano. El mismísimo Pedro de Valdivia que otorgó la encomienda de Copequén a Pedro de Miranda y Bidela en 1544 o Ambrosio Ohiggins que se preocupó personalmente en poner orden y restituir las tierras a dos indígenas en 1791. Esta silla simboliza la ausencia de muchas personas como Cirilo Guzmán nuestro héroe en la Guerra del Pacífico o las queridas maestras Corina Mardones y María Carrasco.
Obras de historiadores y cronistas de la colonia y posteriores fueron también valiosas fuentes de información para enriquecer estas páginas. Me refiero de Diego de Rosales, Alonso González de Nájera, Felipe Gómez de Vidaurre y otros. También los conocidos Barros Arana y Encina y contemporáneos como René Leiva Berríos autor de varias obras relacionadas con la zona y don Oscar Muñoz Soto autor de la historia de Rengo. Otras fuentes inagotables que nutrieron este trabajo fueron los archivos de la iglesia Católica, de la Capitanía General y de la Real Audiencia.
Estoy consciente que en la mayoría de mis lectores serán los habitantes de mi pueblo y que de paso, con la adquisición de este libro contribuirán a formar la gran biblioteca pública que enriquecerá el espíritu, los conocimientos y la cultura de quienes hagan uso de ella. Y si estas páginas llegan a manos de compatriotas de otros lugares les diría que no sólo alerten sus sentidos a desgranar esta mazorca de sucesos y vivencias, sino que pongan su corazón y sus sentimientos en este retaso de tierra chilena que evocará la suya y que, al terminar su lectura, quisiera que la consideraran como propia.
Y si el lector es extranjero le rogaría comprensión y generosidad, porque así como cada cual ama su patria y su gente, en este lejano país, aquí en los confines del mundo, sepa que el amor también existe; que la solidaridad es un deleite y la amistad un sello de raza.
Finalmente quiero decirles a los presentes, especialmente a quienes no me conocen, que Copequén es mi pueblo. Aquí nací y me crié como tantos niños que han caminado bajo sus frescas alamedas o sus dorados soles, o como otros que emigraron y que lo recuerdan con sentimiento de cariño y un dejo de nostalgia.

Joel Moraga O.

SEGUNDO LANZAMIENTO

Rancagua,27 de Junio de 2003

Palabras del Sr. Héctor Gonzalez V. Director Diario El Rancagüino En el lanzamiento del libro "Copequén, 500 años".

Hace un mes, recibí la amable visita, de una persona a quién yo no conocía, y que traía, como tarjeta o carta de presentación, un hermoso libro de tapas rojas, con un trozo de antiguo mapa amarillento, en el que destacaba l nombre de Copequén en el centro.
A su alrededor están los de lugares y pueblos que nos son muy conocidos, como Coínco, Tilcoco, Doñihue, Guacarhue, El Abra, Requinoa, Olivar, Punta de Cortés, Rengo, El Rulo y, por cierto, Rancagua, escritos todos con la primitiva ortografía de la época colonial.
El título del libro, en letras de oro: "COPEQUÉN 500 AÑOS. Crónicas para su Historia".
Nos bastó una hojeada, para comprobar que se trata de un libro muy bien presentado y diagramado, buen papel, excelente impresión, con más de 320 páginas, ilustrado con numerosas fotografías y reproducciones de documentos.
¿Pero, cómo sería su contenido?... Comencé a leerlo esa misma noche, y no en mil y una, como en los cuentos árabes, después de tres noches o trasnoches, llegué hasta la última página. Eso me permitió escribir un Editorial en "El Rancagüino", que me voy a permitir leerlo, porque resume lo que pensé sobre este atractivo libro.
El Editorial se titulaba "Copequén tiene su historia".
"Desde antiguo se ha dicho que Chile es un país de historiadores y de poetas". La frase posiblemente fue acuñada en el siglo antepasado, cuando destacaron algunos colosos de la Historia que tuvieron su cumbre en Don Diego Barros Arana, Benjamin Vicuña Mackena y tantos otros. Así mismo, antecesores como el Padre Alonso de Ovalle, para mencionar solo a uno de los que, mucho antes en el tiempo, hicieron que este lejano y último rincón del mundo fuera conocido en otras tierras.
"Recordemos, por otra parte, a Don Alonso de Arcilla y Zuñiga que, sin ser chileno, sino español, escribió en versos la gran epopeya de la conquista en una obra inmortal: "La Araucana", después que don Pedro de Oña quedara consagrado como el primer poeta con su "Arauco Domado".
"Hacemos estas reflexiones y recuerdos al ser sorprendidos, desde un punto de vista muy local y regional, con la obra "Copequén 500 años. Crónicas para su historia", con mas de 320 paginas escritas por un hombre que dice no ser ni poeta ni historiador y ni siquiera escritor: Joel Moraga Orellana, hijo legítimo del pueblo de Copequén, enamorado de su tierra a la que lleva permanentemente en la mente y el corazón.
"En sus primeras páginas Moraga define a su pueblo natal diciendo: "Copequén (agua del Pequén), es una aldea rural, ubicada en la zona central de Chile, en la VI Región del Libertador Bernardo O'Higgins, provincia de Cachapoal"…"Enclavado en un valle de fértiles tierras, flanqueado por el río Cachapoal por el norte y una cadena de cerros de baja altura por el sur. En el pasado fue cuna de los indomables promaucaes, que "estorbaron" el paso de los guerreros del Inca en las márgenes del río"
"El libro, ampliamente documentado, está escrito, sin embargo, con un estilo fácil, de narrador, matizado con anécdotas, que pasea al lector desde la época de la invasión incásica hasta el pueblo que hoy cuenta con alrededor de 1700 habitantes, gente laboriosa, trabajadora, apegada a su terruño, guardadora de tradiciones".
Finalizaba el artículo con éstas palabras:
"Qué hermoso sería que cada pueblo de esta Región tuviera un hijo tan empeñoso y querendón de su Patria chica como Joel Moraga, para que les entregara a cada uno su historia escrita!"
¿Y por qué me impresionó tanto este libro?... Quizás si porque yo, durante mi juventud universitaria, experimente las mismas inquietudes que el amigo Joel, con respecto a mi tierra, Rancagua. Quise leer algo de su historia y me encontré con que no había ningún libro que tuviera a mi ciudad como protagonista, salvo los que habían escrito sobre la batalla de 1814. La gente llegó a pensar que en Rancagua nunca había ocurrido otra cosa que una sangrienta batalla.
Como Joel, devoré libros de historia general, visité innumerables veces la Biblioteca Nacional, hurgué en los documentos del archivo nacional y otros, hasta que logré "armar" el libro "Rancagua en la Historia", que obtuvo el primer premio en el concurso nacional convocado con motivos del Bicentenario de la ciudad en el año 1943. No tuve después tanta suerte o tanto empeño como Joel porque no pude publicarlo hasta cuarenta años después.
Estas Crónicas para la Historia de Copequén, se leen con facilidad e interés como una novela. Son la suma de relatos en los que a veces reina el suspenso, salpicado de anécdotas, algunas graciosas, todas entretenidas, y otras profundamente tiernas y románticas como aquellas que, casi al final de la obra, hablan de los amores entre Juan y María…
No quiero adelantar más sobre el contenido, para que sean ustedes mismos los que lo descubran.
Pero no puedo terminar estas Palabras, sin referirme brevemente al autor, un hombre sencillo y cordial, que sigue insistiendo en que él no es escritor ni historiador. Para desmentir su información que revela modestia, está este libro, muy bien escrito y que está transformado en la primera historia de Copequén.
Joel Moraga Orellana para suerte de su pueblo natal llegó al mundo en Copequén, al hogar en donde lo esperaban, sus padres Don Juan y la Sra. María, junto a cuatro hermanas mayores el 16 de Septiembre de 1938. Sus estudios primarios los realizó en la escuela del pueblo y luego en Coínco. Posteriormente, las humanidades en Rancagua en el Instituto Comercial.
Los que lo conocieron en su época de estudiante han dicho que: era un alumno distinto, silencioso, tímido y de inteligencia brillante, solidario y de extraordinario buen humor"…Agregan sus conocidos que le atraía mucho el deporte y que organizaba pichangas con sus amigos. Perteneció al equipo del "Los Abajinos" y le gustaba realizar cabalgatas en su adorada yegua "Joelina" y jugar con su perro "Pinocho".
Fallecido su señor padre se traslado a Rancagua en donde Joel, además de estudiar, tuvo la suerte de conocer a Juanita Machuca que se convertiría en su esposa y le daría tres hijos: Vivian, Jessie y Juan Carlos que, a su vez le han regalado cuatro nietos.
No agrego más, porque a través del libro van a encontrar otras vivencia de Don Joel, que se convirtió al fin en industrial de las Artes Graficas, con una buen montada imprenta en Santiago, que le sirvió para editar, puede decirse que con sus propias manos, esta obra de la cual regalo 500 ejemplares a su pueblo, y que hoy, con mucho agrado, dejo presentada ante ustedes.
Héctor González V.

 

Palabras del autor En el lanzamiento del libro "Copequén, 500 años"

Permítanme agradecerles vuestra presencia en un día y hora en que cada cual cumple obligaciones cotidianas. Este acto ha sido posible gracias al ofrecimiento que me hiciera la Corporación Municipal de Rancagua en la persona de la señora Susana Salinas para presentar este trabajo de investigación sobre mi pueblo natal Copequén a la comunidad rancagüina, núcleo social del que también formé parte en mi adolescencia y juventud.
Vuestra asistencia me señala el interés que Uds. tienen por conocer del pasado de uno de los poblados más antiguos y representativos de nuestra región, cuna y crisol como tantos otros de nuestra raza y nacionalidad. De su pasado lejano, hermano de la historia, padre de la leyenda y abuelo de la fantasía.
En la actualidad tiene una población de poco más de 1700 habitantes y forma parte de la comuna de Coínco. Durante la dominación española perteneció al corregimiento de Colchagua desde que éste fue creado en 1593 siendo gobernador Don Martín García Oñez de Loyola.
La inquietud por conocer el pasado de mi pueblo comenzó al poco tiempo de haberlo dejado, cuando recién me empinaba por los 11 años de edad. En el año 1949, cuando mi madre que había enviudado hacía 5, decidió venirse a vivir a Rancagua con sus hijos. Fue entonces cuando conocí el significado de palabras como Nostalgia, Soledad, Desarraigo y Tristeza.
Sin embargo, pasaron muchos años durante los cuales la idea de escribir siempre la llevé conmigo. Cada día más fuerte, más vital y siempre vigente. Donde quiera que estuviera, cualquiera fuera el lugar; por muy lejanas y extrañas latitudes en que me encontrara, ahí estaba Copequén. Ejemplo de lo que digo es el siguiente párrafo que escribí hace 3 años "4 de Julio de 2000". 14.50 hrs. Estado de UTAH, Estados Unidos. Carretera 15. Gran Cañon, camino a Salt Lake City: aunque estoy lejos de Chile y Copequén, no puedo olvidar a ambos y, mi propósito principal en lo que resta de mi vida, el libro que estoy escribiendo, Copequén 500 años, no se aparta de mí, ni de día ni de noche. En cada nuevo lugar que conozco, encuentro algo que me recuerda Copequén y, si eso no sucede, busco ese algo; una roca, un árbol, un cerro, una persona, un sabor, un aroma".
Mi primera intención fue escribir sobre hechos, personas, y acontecimientos del siglo XX, período que me ha correspondido vivir y además, por conocer a mucha gente que podría ayudarme con informaciones, como efectivamente ocurrió. Sin embargo, me seguía rondando la idea de investigar su pasado más lejano y contestar aquellas interrogantes sobre legendarios caciques; de dónde provenían las habilidades de alfareras y artesanos del mimbre y la totora; quién fue don Javier de la Rosa, latifundista, payador y filósofo; saber de Don Cirilo Guzmán, nuestro héroe de la Guerra del Pacífico. Sería verdad que el camino real pasaba por aquí. Copequén pueblo de indios, que significa eso? ¿Desde cuándo existe la iglesia, la plaza, la escuela; quien comenzó la explotación de Cachantún? ¿Sería verdad que antiguamente los inviernos eran más lluviosos y que el río arrasaba con cuanto se ponía a su paso? ¿Sería cierto que habían bandoleros y cuatreros?
Los años continuaban su marcha inexorable y este proyecto de escritor seguía sumido en un eterno letargo. Era ya hora de poner punto final a esa etapa de reflexiones que se prolongaba por cerca de medio siglo. Corría el año 1994 y cuando el deseo y la intensión de escribir se estaba convirtiendo en una obsesión, decidí tomar las herramientas. Con lápiz, papel y grabadora y emprendí la marcha por un camino desconocido que me llevó durante 8 años por senderos diversos.
Así comenzó la febril búsqueda de más y más antecedentes que estaban esperando por nosotros en solemnes archivos y bibliotecas del país.
Ahora estoy en condiciones de contestar esas interrogantes que han flotado en la nebulosa de los tiempos y que hasta hoy no tenían respuesta. Aquí están los antecedentes de cómo y cuándo se empezó a construir la iglesia; aquí están los nombres de padres, abuelos y bisabuelos de muchos de Uds; de cuánto se demoraron; del ingenio desplegado para financiar el proyecto.
También les cuento que el primer sacerdote fue Francisco de Ochandiano que atendía la Doctrina de Copequén en el año 1580 y de cómo el obispo que había en Chile en esa época Fray Diego de Medellín se lo comunicaba por carta, fechada el 15 de abril de ese año, nada menos que al rey de España Felipe II. Están también los comienzos de la educación en Copequén. Año 1903 bajo la conducción de la primera preceptora Hortensia Muñoz Soto.
Podemos decir con mucho orgullo que Copequén fue uno de los llamados Pueblos de Indios supervisados por Protectores y Administradores, como Don Agustín de Montalba y Sierra en 1615.
Mucho antes de los afanes fundacionales de los españoles en el siglo XVII, en que levantaron villas, como San José de Buenavista de Curicó, o Santa Cruz de Triana, hoy Rancagua, Copequén hacía ya más de 3 siglos que existía. Remontándonos al siglo XV debemos recordar que los ejércitos del inca Tupac Yupanqui invadieron Chile, enfrentándose con nuestros antepasadps los promaucaes en cruentas batallas en las márgenes del Cachapoal. Vencedores los extranjeros, su segundo objetivo fue asentarse en el territorio instalando colonias a cargo de un curaca para enseñar su lengua y sus costumbres y una de ellas fue Copequén.
Por otra parte ya no habría más conjeturas si hubo alguna vez caciques.
Aquí en estas páginas están Pedro Levy Guanilén y su nieto Luis, Pascual Guaguilén, Matías Guayquiante y lo mas notable la cacica Pascuala Leviguelén.
Las ''creces'' del Cachapoal efectivamente eran devastadoras. El 18 de junio de 1847 el gobernador de Caupolicán le comunicaba al intendente que el Cachapoal se hallaba muy crecido y que se había caído la mitad del pretil, y que de continuar este estado de cosas causaría graves daños a los propietarios de Gultro, Olivar, Chaval, Copequén y Coínco. Estos fenómenos recrudecían de tanto en tanto hasta nuestros días y más certera es la opinión de uno de los poetas del pueblo, Carlos Gálvez quien graficó así este fenómeno:

El Cachapoal se ha llevado
Paredes, pircas y ranchos.
Perros, gallinas y chancos
y hasta bueyes de han ahogado.
Personajes de la historia de Chile tuvieron también vínculos con Copequén. Mencionaremos sólo dos: Pedro de Valdivia, en 1544 otorgó las tierras de Copequén, que según algunos cronistas comprendían desde Gultro hasta el río Claro, en encomienda a Pedro de Miranda y Bidela.
Otro que nominado con la mas alta investidura, el gobernador Ambrosio O'Higgins instruyó a las autoridades que advirtieran a Bernardo Pumarino que de insistir en su conducta de quitarles algunas tierras a los indígenas que procedieran a castigarlo con el rigor de las leyes.
Antes de terminar no puedo dejar de mencionar y agradecer la colaboración especializada de quienes me relataron sus experiencias, algunos de los cuales están en esta sala, personalizando esta gratitud en la señora Eugenia Theoduloz, profesora en la escuela por más de cuarenta años y en Danilo Guzmán por más de 34 años trabajando en la Cooperativa de agua potable. Un saludo agradecido por el apoyo brindado al Alcalde de la comuna de Coínco, señor Gregorio Valenzuela, a sus concejales y funcionarios. A las agrupaciones sociales de mi pueblo, a los niños de mi escuela, a sus maestros, apoderados y director.
Y he dejado para el final al hombre símbolo de mi pueblo quién por su avanzada edad 99 años, no pudo estar con nosotros: edad que no le impide recordar con absoluta precisión acontecimientos, lugares y personajes de 90 y más años atrás.
Y un reconocimiento de profunda admiración y respeto a don Héctor González Valenzuela quién se ha excedido en sus elogiosas palabras al referirse a mi trabajo y mi persona.
La personalidad que es don Héctor en el mundo intelectual de Rancagua, su amor a las letras y la historia y su pertinaz lucha por inculcar el amor a las artes lo sitúan en el sitial de honor que todos le reconocemos.
Obras de historiadores y cronistas de la colonia y posteriores fueron también valiosas fuentes de información para enriquecer esas páginas. Me refiero de Diego de Rosales, Alonso González de Nájera, Felipe Gómez de Vidaurre y otros. También los conocidos Barros Arana y Encina y contemporáneos como René Leiva Berríos autor de varias obras relacionadas con la zona y don Oscar Muñoz Soto autor de la historia de Rengo.
Otras fuentes inagotables que nutrieron mi trabajo fueron los archivos de la iglesia católica, de la Real Audiencia y de la Capitanía General
Finalmente quiero decirles a los presentes, especialmente a quienes no me conocen, que Copequén es mi pueblo. Aquí nací y me crié como tantos niños que han caminado bajo sus frescas alamedas o sus dorados soles, o como otros que emigraron y que lo recuerdan con sentimiento de cariño y un dejo de nostalgia.
A través de estas páginas los invito a conocerlo.
Permítanme abrir sus puertas…
Adelante, pasen.
Joel Moraga O.

EXTRACTOS

"El libro contiene fotografías, cartas del propio Ambrosio O'higgins relacionadas con Copequén...
Personajes memorables como el de un copequenino que participó en la Guerra del Pacífico… o la
historia de la fundación de su primera escuela en 1903''

Soledad Arce. El Rancagüino, 10 de diciembre de 2002.

"Su libro está muy bien escrito... … hay dos aspectos centrales. La seriedad de la investigación con
copias de textos originales y el sentimiento que puso en la historia de sus padres en el capítulo María
y Juan"

Marina de Navasal. El Rancagüino, 29 de Junio de 2003.

"el fruto de sus esmeradas investigaciones es este libro curioso y desbordante"
"Así el universo campesino tantas veces menospreciado por el chileno moderno y desarraigado, cobra
en Copequén, 500 años, un rango heroico al ser penetrado con nostalgia y amor"

Ricardo Bravo. Ercilla, 20 de Enero de 2003.

"Joel Moraga ofrece aquí una laboriosa descripción de los orígenes, la evolución y la actual situación
de su pueblo natal… y un impagable prólogo en el que evoca las tardes que pasó en la escuela
numero 43 de Copequén"

Las Ultimas Noticias, 25 de febrero de 2003.

"El libro ampliamente documentado, está escrito con un estilo fácil, de narrador… que pasea al lector,
desde la época incásica hasta el pueblo de hoy"

Héctor González V. Director El Rancagüino, Editorial, 31 de Mayo de 2003.

"Copequén, tenemos un historiador entre nosotros; la historia está viva, nos corresponde a los jóvenes
de hoy escribir el resto de sus paginas con el devenir de nuestras vidas. Esa es la invitación que queda
por responder a don Joel Moraga Orellana con nuestras acciones"

Alumnos de Escuela de Copequén, 14 de Diciembre de 2002.

"El valor cultural del texto llevó a la Corporación Municipal de Rancagua a presentar esta obra de este
hijo pródigo de la zona"

El Servidor. Boletín Interno de la Corporación Municipal de Rancagua, 30 de Junio de 2003.

"Es por esto que el arduo trabajo que ha desarrollado usted al crear este libro y su gesto noble y
desinteresado al donarnos 500 de ellos de su notable edición, es altamente reconocido por su director,
profesores, alumnos y apoderados"

Roberto Cinto Cuadra. Director Escuela de Copequén, 7 de Noviembre de 2002

"Esta obra no cabe duda que habrá de servir como valioso aporte para el conocimiento de nuestras
raíces y para todos aquellos que pretendan investigar en el campo histórico"
...
Gregorio Valenzuela Abarca. Alcalde de Coínco, 19 de Noviembre de 2002.

"Cuenta toda la historia de una de la aldeas mas antiguas de Chile, porque es precolombina, recorre
la historia, es muy sabroso"

Alejandro Guillier. Chilevision, 20 de Enero de 2003.

"Para quienes aman su tierra un ejemplo. Investigó toda su historia y descubrió que tiene su origen
500 años atrás. Cuando llegaron los españoles ya existía por ejemplo"

Alejandro Guillier. Chilevision, 9 de Mayo de 2003.

Antecedentes GrÁficos